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miércoles, 28 de enero de 2009

“Los insignes políticos españoles del momento deberían, aprovechando la mejora de conocimientos económicos de sus conciudadanos, fomentar, impulsar, liderar, y en definitiva pro-piciar, con carácter de urgencia, la creación de la Unión Económica Iberoamericana (U.E.I.). Amigos Iberoamericanos, tenemos experiencia sobrada en la materia, dado nuestro liderato indiscutible en la administración y creación de infraestructuras administrativas descomunales e inútiles, y todo ello sin contar que nuestros líderes mantienen la misma talla intelectual que los de ustedes. Una fenomenal combinación. La impronta que hemos dejado a nuestro paso por la Comunidad Económica Europea*, y los ecos por expulsarnos de la misma, avalan el argumento.
Y nuestro/vuestro Rey volvería a tener Vi-Reyes”

*Hemos desplumado a los Europeos mediante los fondos de Cohesión, por un monto infinitamente menor (aunque considerable), al que nos deben tras su saqueo a nuestro tesoro americano, asiático, africano, oceánico y hasta europeo. ¡Eslavos, a trabajar!

jueves, 11 de diciembre de 2008

Tetris Razonal

“El fanatismo consiste en redoblar el esfuerzo cuando has olvidado el fin” –George Santayana
.
Escucho a una inteligente periodista de la agencia Gramma, disertar sobre su visión del futuro de Europa a corto plazo. Su visión, se acaba convirtiendo en un aserto sobre el intimo deseo de su idearium; una ansiada proyección, que convierte al viejo continente en un escenario de potenciales revueltas y conflictos armados.
No obstante, el punto de vista no deja de ser digno de consideración, y en el pueril pero a veces dramático juego del estadismo humano, es siempre interesante observar nuestro reflejo desde distintos ángulos del espejo.
Su predicción contiene, como digo, pautas catastróficas pero verosímiles, abonadas por un escenario de infelicidad contagiosa, envuelta por el frío manto de la crisis que se ha instalado en las antenas de comunicación, de todo el Continente.

Desde su doctrina de pensamiento único, es evidente que cualquier resquicio en la política de bloques, siempre será un triunfo objetivo en su encubierta ansía imperialista. Asuntos tan poco triviales como la presión migratoria, y el nivel de desempleo, son suficientes para considerar su tesis, basada en un futuro, si bien no dramático, sí al menos preocupante. En estos periodos de inestabilidad, es cierto que suelen confluir agentes que pueden actuar, como mecha propiciatoria para giros inesperados en el rumbo de cualquier sociedad organizada.
Y así, toda una retahíla de augurios, que se compendian en la fina estampa de una Europa débil, quebradiza, y desnortada, tras el difuminado permanente de la olvidada política de bloques, e incapaz de sacar partido a sus fortalezas. Así somos vistos por los que defienden la multilateralidad como único futuro posible.

La meditación sobre las palabras anteriores, nos concluye en una serie de propuestas de reflexión razonalista, y por tanto de insólita implementación filosófica:
Es cierto que la política de bloques del pasado siglo XX, se encuentra un tanto desdibujada desde la caída del muro de Berlín, situación simultaneada con el reciente envite al retorno de la vieja lucha entre civilizaciones, caracterizada por el incansable pulso humano por detentar la teoría verdadera de los designios divinos. Este último extremo, convertido en incierta expectativa tras las elecciones imperiales (permítase el adjetivo por su asombrosa repercusión mediática), nos deja a merced de la reconsideración urgente del verdadero significado para Europa, del histórico derrumbe de la barrera euroasiática, aún no somatizado, y aún menos bien ponderado, por el imprinting colectivo de los que la conforman. Basten a modo de ejemplo las reservas y críticas de la Unión Europea, a los acercamientos financieros del gran vecino ruso, traducidas en perdida de posibilidades de futuro.

En este preciso momento, en el que por causa de la crisis, los gobiernos europeos tiemblan ante sus perspectivas de viabilidad respectiva, el miedo ha terminado por degenerar en un comportamiento, melancólico y egoísta, marcado por un fenómeno de multilateralidad interna, auto-provocada. Sería del todo lógico, y probablemente conveniente, que los europeos volcaran su mirada hacia el bosque de inmediato, materializando un golpe de timón, que propicie la urgente refundación de un sólido bloque geopolítico.
Este proceso, a realizar de facto y de iure sobre la actual base de unión económica, podría ser indispensable para mantener ciertas posibilidades ante los tiempos que algunos vaticinan. Y por supuesto, contando con Rusia como poderoso y conveniente socio, a todos los efectos.
Es todavía chocante el fenómeno sociológico, a pesar del escaso lapso de tiempo transcurrido, del olvido consentido que supuso la gesta de millones de rusos y norteamericanos, entregando su vida para desalojar al nazismo de la vetusta tierra europea. Por un curioso efecto, este olvido se ha tornado además en recelo ideológico desde cualquier polo, siempre dispuesto a denostar continuamente a nuestros esforzados libertadores. Puntualizo que hablamos de hombres, y no se sistemas.
La inercia de nuestra raíz feudal es demasiado fuerte, y esto revela además, que nuestro engranaje no tiene excesivas ganas reales de exportar su doctrina, en un preocupante ejercicio demostrativo de falta de fe en el proyecto europeo, que los políticos responsables han hecho patente a sus gobernados.
Si no se remedia, volveremos automáticamente a tiempos pasados, en un precioso desperdicio temporal. Un nuevo e inútil bucle del destino pendular, alejado de la valiosa enseñanza newtoniana, enunciativa de la fortaleza obtenida mediante la unión de fuerzas.

Para Castro, aconsejarle de comandante a comandante, que en su última voluntad incluya como única cláusula, la abolición de sus fuerzas armadas, civiles y militares, promulgando la destrucción inmediata de cualquier arma de fuego, en la Isla y sus Cayos adyacentes. Solo con este gesto, podría quizá justificar ante la historia su proclamada y dudosa coherencia, en la búsqueda de la libertad para el bravo y sufrido pueblo cubano. Gallego, hay que dar ejemplo hasta de lo que no se es.

Las opciones de futuro, parecen reducirse en esencia, a intentar destruirnos en pequeñas parcelas, o en grandes bloques. La primera es más divertida, y la segunda más arriesgada, pero compatible con una refundación rápida del fracasado y original proyecto de las Naciones Unidas.
Aparte de sus virtudes, ambas comparten el mismo defecto: una garantizada crueldad en algún momento de su ejecución.

Siempre será más fácil unir a dos que a diecisiete; mientras no te caigan muchas zetas.
Así funciona el recuerdo humano, tras una trepidante y permanente partida razonalista, bajo un previsible chaparrón de bloques.

martes, 18 de noviembre de 2008

El tenebroso velo

“Cada cual se fabrica su destino” – Miguel de Cervantes

Enfrentarse a los problemas que han originado el actual sentimiento de un gran sector de la sociedad vasca no deja de ser una labor prolija e inmensa. El tema se ha abordado desde diferentes ópticas, imperando las políticas e ideológicas, pero pienso que nunca en profundidad desde él ámbito de su comportamiento y mecánica sociológica; Estas diversas aproximaciones, al menos han dado como resultado una denominación de partida a su problema: “el conflicto vasco”. Un conflicto, personal e intransferible, que por otra parte estigmatiza su sociedad y condiciona la felicidad de la actual y de las futuras generaciones, y que tiene visos de convertirse en algo consustancial y contrapuesto a su, ya mistificada en el recuerdo de los tiempos, apacible y bucólica existencia ancestral.
Los políticos locales que han propiciado esta especie de condena en vida, la renuncia por imposible a la búsqueda de la felicidad colectiva mediante la perpetuación del “conflicto”, tienen una responsabilidad que lamentablemente, solo con el paso de los años podrá ser valorada ética y moralmente por los que les otorgaron con sus votos la esperanza de un futuro mejor.
Uno de los dos mecanismos de cultivo de este “conflicto”, además, ha pasado ya hace muchos años a convertirse en algo siniestro desde el momento en que ha costado y pasará, desgraciadamente todavía, a costar la vida de muchas personas, víctimas del azote de las armas.

Desde este enfoque, un primer análisis desvela que la estrategia que han desplegado para tratar de resolver sus cuitas esconde una contradictoria paradoja: Su estrategia es profunda y sustancialmente española. La historia de España, desde la invención de las guerrillas (aún antes), que algunos no conocerán, y que constituye la mayor aportación ibérica a la estrategia bélica del planeta, está plagada de tiros en la nuca, bombas en pucheros, y acuchillamientos por la espalda. Hasta el famoso y españolísimo caballo de Pavía se sentiría orgulloso, en su espíritu Marciano, de la resolución de conflictos a tiros. Esta simple y atroz característica deshace el principal postulado reivindicativo de su lucha: No puedes negar tu españolidad cuando tus actitudes son profundamente españolas, y en las antípodas de, por ejemplo, países septentrionales con los que has tratado de identificarte como argumento para avalar tu diferenciación histórica. Esta característica, y mientras no se acabe con la estrategia de las armas, siempre evidenciará las sombras de su argumentario oficial, eliminando de facto su construcción ideológica basada en un “hecho diferencial” difícil de demostrar con sus acciones.
Esta conclusión me reafirma en que, ahora más que nunca, debemos enfocar el asunto en su trasfondo sociológico para encontrar nuevas claves a este cruel, inútil y excéntrico comportamiento contrapuesto a la doctrina de sus fines. Un buen ejemplo de esta irracional conducta, sería el de un gato que mientras muerde y araña, insistiese en que él, es en realidad un perro. Para asombro de los que más reniegan de su condición hispana, son ellos mismos con su cavernícola actitud, los que vienen reafirmando lo más negativo de la España brutal y primitiva, manteniéndose de hecho, como la reserva espiritual de lo peor de los españoles. De una España afortunadamente antigua, de la que si bien no podemos renunciar, bien vale la pena al menos conocer, para evitar sus estragos en el futuro.

¿Pero porqué el gato quiere ser perro?
La segunda parte trata sobre el porqué de la anuencia por parte de los políticos locales a la acción de estos vándalos armados. Muchos han opinado desde un prisma político, que ambas acciones, la armada y la política tiene el mismo fin. ¿Pero cuál es este fin? Aquí entramos a responder la retórica pregunta anterior: A lo mejor resulta, que lo que él gato en realidad quiere, es no ser un perro y por tanto perder así sus privilegios domésticos. Mientras nuestro gato continúe con su extravagancia identitaria, nadie cuestionará, porqué él puede dormir en una cama caliente y se lleva las mejores raciones durante la cena, mientras su perruno compañero duerme todas las noches al raso.
No sería por tanto descabellado pensar, que la tan cacareada ansia de independencia quizá no es del todo auténtica, ya que implicaría en última instancia la desaparición de sus privilegios. Desde el punto de vista sociológico, el fondo de su eterna reivindicación política simplemente encubriría algo mucho más prosaico: El interés por proteger y mantener su actual estatus, que comprende entre otras prebendas, su autonomía financiera; el famoso cupo vasco, que a través de un tupido velo reivindicativo trata de enmascarar su dudosa compatibilidad con una democracia igualitaria. De ser así, su estrategia siempre se basará en la exigencia perpetua de máximos para no entrar en el fondo del asunto y no hacer así evidente el agravio comparativo que supone su actual situación. De esta manera nunca se afrontará la auténtica realidad, que opaca la difícilmente explicable situación que representa el que, en pleno siglo XXI y tras una transición democrática, unos cuantos ciudadanos de nuestro país convivan con el resto, desde una situación de ventajas económicas institucionalizadas por prebendas medievales. Sería realmente triste, que de ser esto así, este segundo mecanismo de comportamiento, resumido en que la mejor defensa es un buen ataque, haya existido en el trasfondo de la absurda e intolerable perdida de vidas humanas durante todos estos años de democracia.

El ciudadano medio desconoce que hoy por hoy, en nuestro país, no todos tenemos las mismas cargas fiscales, incumpliéndose el principio constitucional de igualdad de todos los españoles ante la Ley; la difusión de esta realidad pondría en evidencia que además, curiosamente, son siempre los que más se quejan, los más beneficiados. Esto es una realidad indiscutible y difícilmente corregible desde el ámbito sociológico, salvo que en los colegios se impartiese una asignatura que podríamos titular “España y sus recovecos”, que además sería dificilísima. Sólo en el momento en que exista una conciencia colectiva y mayoritaria de esta antidemocrática circunstancia, se podrán abordar con rigor los mecanismos constitucionales que permitan establecer igualitariamente las obligaciones y los derechos imprescindibles para construir un Estado moderno, incompatible con los principios feudales todavía en vigor. En ese deseable momento, a lo mejor nos llevaríamos sorpresas sobre quién pediría la independencia sobre quién, concluyendo para siempre la reivindicación de su perpetuo agravio mediante el uso de la violencia, amparado por las actuales y paradójicas circunstancias que lo nutren indefinidamente.

Esta senda no aparece demasiado clara en el horizonte de nuestro panorama político. Mientras los políticos directamente implicados en el asunto no tengan el coraje democrático suficiente, y a través de una intensa pedagogía, para rasgar el velo que oculta la existencia de agravios comparativos en nuestro orden institucional, podemos vaticinar que desgraciadamente tendremos que continuar sufriendo el azote de estos españoles primitivos, armados y embozados en este velo del privilegio indiscriminado; apareciendo ante nosotros, siempre por la espalda, como espectros fraguados en tiempos pretéritos, y empuñando la guadaña de la genuina barbarie ancestral de nuestra querida y peculiar piel de toro.
El sordo y tenebroso aguafuerte del de Fuendetodos, ya nos lo anticipó.

miércoles, 5 de noviembre de 2008


Crónica del antiespañolismo norteamericano: Fe contra Razón

"Los dogmas del quieto pasado no concuerdan con el tumultuoso presente" - Abraham Lincoln

Ayer vivimos una circunstancia histórica sin precedentes: El triunfo de un mulato en la carrera por la Presidencia de la primera potencia mundial. Esto, que se materializará en la toma de posesión del cargo el próximo enero, sí una bala perdida no se cruza antes en su camino, es en sí mismo un acontecimiento asombroso, teniendo en cuenta la evolución social de un país, en el que éste sector de su población sufrió el recorte de parte de sus derechos civiles hasta hace pocas décadas. El hecho, por mucho que nos conmueva este edificante ejemplo democrático y sociológico, no tendrá mayores consecuencias positivas para nosotros. Esto lo digo para prevenir la frustración que, una vez más, se producirá en nuestro país con el transcurso de los acontecimientos, y por tanto para intentar evitar su influencia futura que irremediablemente, continuará alimentando de manera torpe nuestras maltrechas relaciones, y nuestro secular antiamericanismo. Aquí no acabamos de entender que a lo que hemos asistido, como cada cuatro años, es a la reelección del Jefe del Estado y no de un Jefe de Gobierno. Este matiz es fundamental para comprender el panorama, muy semejante al de tan solo hace unos cuantos siglos, ya que el juramento de su cargo no implica la defensa de otra ideología, mas que la que emana de su personal noción colectiva, de la libertad del individuo.

El enfrentamiento entre nuestras dos potencias viene de lejos. Concretamente de tiempos en los que la jefatura de nuestro estado se encarnaba en la figura de un Rey plenipotenciario y adalid de la Fe, elegido por Dios y por la sangre, para regir los destinos del mayor imperio que existió en el mundo moderno. Muchos de los quebraderos de cabeza durante el reinado de Carlos III provienen de aquella época, en la que los Británicos soñaban con deshacer nuestra hegemonía a cualquier precio. Ya en aquellos tiempos se vieron con inquietud, recelo, y afanes conspirativos, los denuedos de aquel grupo de individuos desclasados que huyeron de su insoportable existencia en los encastados países europeos de la época, en los que a modo de ejemplo, aún se consentía el derecho de pernada. Para colmo de nuestros males, la elección de su líder a través del sufragio de sus súbditos, suponía un agravio intolerable para las monarquías reinantes en la vieja Europa. A partir de este punto de la Historia, comenzaron una serie de ofensas consecutivas para nuestros intereses. Hasta pocos años antes, la influencia de la Corona de España en el mundo no había tenido parangón, y nuestra monarquía se erigía como encarnación del derecho divino de intervención exterior en nombre de la Fe.
No es por tanto extraño, que unos tipos sin pasado, con gran hambre de futuro, y aprovechando parte del pensamiento de Montesquieu y por ende del espíritu de la Revolución francesa, construyeran una constitución en 1787 que atentaba directamente contra nuestra integridad ideológica y cultural. Años más tarde, la denominada Doctrina Monroe, sintetizada en la frase “América para los americanos”, que fue elaborada por el sexto presidente americano John Quincey Adams en 1823, a partir del famoso discurso de su predecesor James Monroe, y extrapolada posteriormente a todos los ámbitos gracias a la mejora de su potencial bélico, personifica perfectamente la usurpación de facto de nuestros derechos imperiales. Es importante recordar, por poco difundido actualmente, que bajo nuestro Reino, y concretamente en las provincias de Ultramar, la esclavitud no se abolió definitivamente hasta 1873; ocho largos años más tarde que nuestros odiados ofensores, que la formalizaron en 1865 con la victoria de Abraham Lincoln sobre los estados rebeldes del Sur.
Nosotros en aquella época, ya heridos de muerte hacia sesenta años por las astillas gangrenadas de Trafalgar, continuamos recibiendo afrentas que acabaron culminando en la perdida de nuestras últimas colonias. El descabello, como bien es sabido, llegó en 1898 con Cuba y Filipinas como colofón póstumo a otro largo ciclo de la Historia moderna.
Todos estos hechos históricos, hoy relegados al olvido en el imprinting colectivo norteamericano, han sido, sin embargo, inexplicablemente somatizados por los líderes más progresistas de nuestro país en forma de afrenta constante y nunca restañada. Un misterio indescifrable para cualquier politólogo reputado, considerando los antecedentes históricos en los que bebe su modelo ideológico.
La triste realidad se resume así; desde que perdimos nuestra hegemonía, hemos basado siempre nuestra política exterior en la acción de gobierno, en lugar de hacerlo en la razón de Estado. Esta última se caracteriza porque tiene muchos fines y poca ideología, nosotros tenemos mucha ideología y ningún fin claro. Esta dogmática confusión, generada a partir de la proyección de nuestra política interior a la del exterior, continúa a través de los siglos pasándonos facturas indeseables, y parece que aún no hemos aprendido la lección. Nuestras toleradas representaciones diplomáticas autonómicas, salpicadas por el mundo, son una magnífica prueba de ello.

Con todas estas urdimbres, malinterpretadas adecuadamente desde el ámbito de lo políticamente correcto, es comprensible entender que el vestigio de la afrenta, ejercida por aquellos visionarios que escapando del "beatífico" absolutismo llevan siglos pretendiendo el progreso y la libertad, se haya apoderado del pensamiento colectivo en nuestro reaccionario país. En un momento de la Historia, unos cuantos salvajes desaprensivos nos arrebataron el monopolio del Imperio de la universalización de la Fe para sustituirlo por los "absurdos" conceptos de universalización de la Razón y de la libertad individual. Pero como digo, lo paradójico y contradictorio, es que ésta bandera se haya convertido en estandarte de la mas rancia progresía.
Pero no desesperemos, nuestros líderes actuales han tomado cartas en el asunto, y bajo una nueva estrategia, hoy progresista, de implantación laica de su renovada Fe, se afanarán por convencer, quizás en una talantosa charla de Imperio a Imperio, a nuestros endemoniados contrincantes, sobre las ventajas del Pensamiento Unico frente a la Razón, para un futuro mejor de la Humanidad.
Visto lo visto, no me atrevo a augurarles un gran éxito, ni a los unos, ni a los otros.

jueves, 30 de octubre de 2008


La superbolsa o la refundación del capitalismo

“La riqueza es como el agua salada; cuanto más se bebe, mas sed da” - Arthur Schopenhauer

Tengo un amigo que durante el transcurso de las reuniones de negocios, en los momentos de más fragor, siempre decía: “Permitidme una aclaración para añadir un poco más de confusión”. Yo me la voy a permitir desde este observatorio virtual.
Confío en que esta líneas ayuden a aclarar los entresijos de la crisis financiera mundial, que en el fondo son muy simples:
Todo comienza cuando los países emergentes comienzan a jugar con lo réditos de su trabajo; este capital sin pasaporte, y fruto de la actividad multinacional, comienza a viajar por el planeta en busca de rentabilidad. El mercado de valores de referencia, el norteamericano, al que se unen todos con el tiempo, no hace ascos (les hemos comprado todo) a esta reversión económica y comienza a aceptarla con sus propios mecanismos y estándares de control.
El festín bursátil está servido, llegándose, por la inercia especulativa, a que los productos financieros se sofistiquen de tal forma que el verdadero valor objetivo de estos productos, originados en cualquier rincón del planeta, únicamente se sostiene, en última instancia, por la solvencia productiva de los países que los generaron. En un momento dado, los países productores de petróleo deciden incrementar su precio recortando la producción. Esto hace peligrar la solvencia productiva de los países emergentes, y por ende del valor objetivo de los productos financieros, originales y derivados, en cuestión.. A partir de ahí, y ante esta incertidumbre, el mercado dominante se protege no aceptando el valor objetivo atribuido antes, a los capitales especulativos. La desconfianza se extiende y el sistema se cae, consecuencia lógica de la falta de regulación con carácter transnacional que homologue los criterios de valoración. El desajuste, en definitiva, se produce a partir de la aparición de una nueva economía transnacional, en el sentido geográfico de la expresión, que juega en mercados financieros de otros países, y con una clara dependencia, como siempre, del patrón de fondo real, que no es otro que el coste energético.
La solución al problema estrictamente financiero, para desconsuelo de los que sueñan con el fin del capitalismo, apuntando incluso al cierre de los mercados, se nos aparece evidente y se resolverá a corto plazo, probablemente en la próxima cumbre de Washington de una forma bien diferente:

La creación del primer supermercado de valores de ámbito mundial: La Superbolsa.

La unificación de los mercados, lógica consecuencia de la globalización, es a priori la única forma posible para establecer un marco que fije los criterios y los mecanismos valorativos de una forma objetiva y atendiendo a unas reglas globales.
La creación de la Superbolsa solucionará como digo la vertiente financiera del problema, otra cosa es la cuestión de fondo, la dependencia de los recursos energéticos tradicionales, que continuará como una espada de Damocles sobre cualquier mercado especulativo sea cual fuere su ámbito o dimensión.
Nosotros, los españoles, en este desarrollo entraremos como segundo plato, algo lógico si tenemos en cuenta nuestro peso real, y el hecho de que nos pasaremos una buena temporada dedicados al estéril intento de fiscalización del fondo, de administración secreta, que hemos creado para respaldar económicamente a nuestras “saneadas” entidades financieras. El preludio ya apunta a la tentación, por parte de los políticos, a conseguir el control económico de las Cajas de Ahorros que quedan fuera de su ámbito competencial, al pertenecer éstas a autonomías de distinta ideología a la suya, a través de estas “intervenciones” puntuales. El tiempo lo dirá.

Volviendo al asunto transnacional, la humanidad cíclicamente ha tenido que resolver los problemas que plantea el desarrollo desacompasado entre una necesidad concreta y su realidad evolutiva. Aquí estamos, ni más ni menos, ante el germen de uno de estos desafíos, de los que hasta ahora siempre hemos salido como aparentes vencedores.

Tengo la convicción de que, en alguna parte del planeta, algún sesudo economista quizá desconocido aún, acabará dando con esta lógica salida , y enunciará el diseño de puesta en marcha de este “Supermercado Mundial de Valores” que sin duda le valdrá el Premio Nóbel de Economía. Entretanto, yo me voy a otro supermercado bien distinto, al “Súper” de mi pequeño pueblo, dispuesto a comprar un caldo adecuado para brindar, anticipadamente, por la concesión de ese preciado galardón a tan insigne economista.

El vascongado errante

“Cuando alguien pretende construir su futuro ocultando su pasado, es que algo no se sostiene en su pretensión”. AP

El 12 de Septiembre de 1894 se inauguró en San Sebastián la estatua dedicada al Almirante D. Antonio Oquendo. El dato lo extraigo de una de mis lecturas favoritas, un volumen de “La Ilustración Española y Americana”publicado el mismo año de 1894.
Paso a transcribir parte del curioso artículo que ya ha cumplido más de 104 años:

“Entre los ilustres marinos que han concurrido con su contingente de gloria a enaltecer el nombre patrio, sobresale D. Antonio de Oquendo, á quien hoy eleva la ciudad en que nació (en 1577) sobre el pedestal en que se perpetúa la memoria de los héroes...
... Guipúzcoa es una de las provincias que ha contribuido con mayor número de sus hijo a aumentar el número de marinos ilustres, sostenedores del esplendor de las armas españolas. En prueba de esta afirmación, ofrecemos una breve reseña de quienes lo fueron mas notables. Con razón puede ufanarse el suelo guipuzcoano de ser cuna de tantos insignes varones, consagrados a la existencia del mar, entre los que descuellan Elcano, Oquendo, Lezo y Churruca”

El artículo continua con una extensa relación de personajes ilustres que he decidido extractar por su extensión:

▪ SIGLO XIII: Pelegrín de Uranza (Nacido en Irún) Capitán de una de las naves de la Armada de Bonifaz, al servicio de Fernando III el Santo (Rey de Castilla y León).
▪ SIGLO XV: Miguel de Villaviciosa, (Nacido en Pasajes) General de Marina de los Reyes Católicos. Primer Almirante de la Carrera de Indias.
▪ SIGLO XVI: Juan de Alcega, (Nacido en Fuenterrabía) General del Mar océano en tiempos de Calos V.
Cristóbal de Arriarán (Nacido en Arriarán) Almirante de la escuadra española en la expedición de Trípoli en 1510, en la cual murió.
Jaime de Zamora (Nacido en Lezo) Piloto mayor de las Armadas de Felipe II y gran explorador.
Juan de Aguirre (Nacido en Deva) Almirante General.
Pedro Sanz de Vencia (Nacido en Fuenterrabía) Almirante General de las Armadas y Flotas del Océano, y de la carrera de Indias.
▪ SIGLO XVII:
Mateo de Laida (Nacido en Pasaje) Almirante mayor de la Armada.
Felipe de Ugalde (Nacido en San Sebastián) Almirante; prestó señalados servicios en el Archipiélago de Filipinas.
▪ SIGLO XVII:
Blas de Lezo (Nacido en Pasajes) Teniente General de la Real Armada. Dióle merecida fama su defensa de la ciudad de Cartagena de Indias.
▪ SIGLO XIX:
Cosme Damian Churruca: (Nacido en Motrico) Brigadier famoso por su heroica muerte en combate en la Batalla de Trafalgar.
Tomás de Ayalde: (Nacido en Ursúbil) General de la Armada. Mostró su bizarro comportamiento en los combates de Cabo Finisterre y Trafalgar entre otros...

No me quiero quedar con el argumento histórico de fondo del artículo, bien conocido para cualquiera que haya estudiado nuestra historia, sino con el estado real de las cosas hace tan solo un siglo.
El artículo me ha traído a la memoria la conferencia “La falsificación en la Historia” que D.Julio Caro Baroja leyó en la Biblioteca Nacional hace muchos años, y de la que aún conservo como oro en paño, las notas manuscritas de la misma que D. Julio tuvo a bien obsequiarme.

La refundación contemporánea de España se ha practicado, en algunos casos, sobre una falsificación histórica que ha abarcado todos los ámbitos de nuestro pasado. La ocultación sistemática del pasado lo único que denota es la falta de fuerza moral de los argumentos de los que sueñan construir castillos en el aire.
Aunque pretendamos despertar de este sueño, vamos remando hacia un destino incierto con la compañía inevitable y eterna de buques fantasmas que tuvieron muy clara la motivación de su cruel y heroico destino.
Pero como decía la célebre frase atribuida a un famoso banquero español de los ochenta: “Los triunfadores no tienen pasado”.
Así acabó, sin pasado y sin futuro...

martes, 28 de octubre de 2008


La reforma prostitucional

“Los intentos por abordar posibles soluciones a los grandes problemas siempre dan una terrible pereza, por ello, las de los más sencillos ni siquiera se llegan a considerar” - AP -

Siempre encontramos intermediarios entre nosotros y nuestra propia responsabilidad.
Las críticas al sistema protestante y a su supuesta hipocresía marcando rigurosas penitencias sociales dirigidas al que se sale de la norma, son sin embargo interpretadas por nosotros como la mejor prueba de lo indiscutible de nuestros planteamientos: hemos conseguido convivir con un principio ético y su opuesto sin ningún rubor.

Nuestros políticos, más expuestos a la observación por su condición pública que otros estamentos de la pirámide feudal contemporánea, son un buen ejemplo de ello. No hay más que observar el velo social que se impone tácitamente para ocultar sus actitudes privadas. Aquí nadie entiende que el fundamento a la censura de un político que engaña a su esposa, no tiene ni mucho menos como factor principal, un fondo moralista, sino uno de carácter ético mucho más importante para el colectivo. Los anglosajones se plantean: “Sí tal o cual político engaña a su mujer, traicionando la confianza de lo que supuestamente más quiere, ¿Quién me asegura que no me va a traicionar a mí, que ni siquiera me conoce?”
Su base ética se fundamenta principalmente en la confianza colectiva lograda únicamente a partir de la individual.

Un claro ejemplo de nuestra sociología patria sobre los temas morales, se percibe claramente en el asunto de la prostitución.
En España la prostitución no es ilegal, pero a la vez tampoco está regulada. La cuestión, por frívola que parezca no lo es en absoluto.
En el año 2002 se estimaba que la industria más antigua del mundo movía en nuestro país en torno a los 12 mil millones de euros al año (dos billones de las antiguas pesetas) http://www.cesarsalgado.net/200208/020811e.htm. Sí es así, creo que el tema es digno de tomarse en consideración, sobre todo en la situación de crisis actual. Estamos ante un descomunal fraude fiscal a la vista de todos.

¿Qué esperan por tanto nuestros próceres para acometer su regularización inmediata? Estamos hablando de 2 billones de pesetas, seguro que mucho más actualmente, y por supuesto en dinero negro como el carbón, que por alguna extraña bula oficial escapa de sus obligaciones con el fisco, con lo que ello supone de agravio comparativo con el resto de “etiquetados” por la Hacienda pública. Los principales frentes de beligerancia y oposición a la regularización de ésta actividad vienen de dos polos aparentemente opuestos:
Por un lado tenemos al frente feminista, enmarcado en lo políticamente correcto, que enarbola la bandera de la dignidad de la mujer sobre cualquier otra consideración. Es curioso que este frente sea capaz de defender el derecho de las mujeres a hacer lo que quieran con su cuerpo, incluso en casos con “daños a terceros” como es el aborto, y sin embargo en este caso les parezca denigrante practicar sexo, voluntariamente, a cambio de dinero. Dirán que el problema es precisamente ese; el dinero. Su argumento lamentablemente nos llevaría a desmantelar la sociedad actual, ¿cuántas cosas se hacen a cambio de no recibir nada? De hecho y con este argumento cualquier trabajo sería denigrante, ya que tenemos que recibir un estipendio a cambio para desempeñarlo.
El segundo frente de oposición, se resume a algunas convicciones religiosas, curiosamente empleando el mismo argumento anterior sobre la degradación moral. La realidad se acerca más a una visión, plenamente legítima dentro de su club, del sexo como instrumento meramente reproductivo. La justificación histórica a esta oposición también existe, evidentemente es compleja y entre otras cosas se ve afectada por el problema sanitario derivado del mundo del sexo de pago, antes sin tratamiento adecuado. Hoy en día la situación médica ha cambiado sustancialmente, y afortunadamente las condiciones en nuestro país deberían permitir el control de las/los profesionales y usuarios/as implicados.
Esta regulación terminaría también en gran medida con el siniestro mundo del proxenetismo y sus mafias; el caso holandés es una buena prueba de ello.

La regulación acarrearía necesariamente un sustancioso ingreso para el estado a través de los impuestos hoy deliberadamente oscurecidos por la legislación que nuestros políticos nos han regalado.
No encuentro por tanto razones objetivas para evitar que la llamada profesión más antigua de la humanidad, sin entrar en su beatífica necesidad social, no pase de una vez a soportar una regulación y control como cualquier otra actividad económica.

Mientras tanto, continuaremos viendo en nuestros principales medios de comunicación escrita la enorme profusión de espacios publicitarios repletos de promesas de placer a cambio del vil metal, compradas por cierto con dinero de dudosa legalidad fiscal, y escritas al parecer con tinta invisible para los responsables de nuestro gobierno y hacienda pública.

Y luego dicen que Hacienda somos todos, desde luego en nuestro país todos menos los chulos y las putas diría yo.

lunes, 27 de octubre de 2008


El valor mágico de las palabras

“A los caballeros se les reconoce por sus hechos y no por sus palabras” - Miguel de Cervantes

Es sorprendente la reacción humana a las palabras. Una simple palabra, siempre al albur del viento, es capaz de desencadenar una guerra y otra es capaz de terminarla. Pienso que esta característica cada vez nos acarreará más frustraciones en el mundo moderno. En la sociedad española siempre hemos tendido, además, a aislar las palabras de su significado y por ende de los hechos que representan, creando gran confusión. Los medios de comunicación han contribuido especialmente a que esto sea así, expresando opiniones cotidianamente sobre hechos sin contrastar y asignando al mismo tiempo significados falaces a cualquier termino, llegando a crear incluso profundas corrientes de opinión vacías de contenido. Con ello, eso sí, y gracias a un valor casi sobrenatural creado por el efecto mágico de las palabras, la sociedad receptora ha asimilado un marasmo de dogmas huecos elevados a verdad absoluta. La teoría del cambio climático, por otra parte muy interesante y digna de estudio y consideración en muchos aspectos, es un ejemplo claro.
En nuestro país, patria de la afrenta verbal que ha costado hasta vida de poetas, nuestros políticos domésticos nos provocan estas frustraciones habitualmente por su confusión constante entre la valoración y la selección de hechos y de palabras.
El tema no tendría más importancia, si como digo, esta característica no representase una losa constante llegado el momento de enfrentarnos con las consecuencias derivadas de esta secular falta de aptitud.

Nuestra presente situación real en el marco transnacional es una buena prueba de ello.
Hoy, como otras tantas veces, nos inunda una profunda melancolía al observar la cruda realidad sobre el papel al que hemos sido relegados dentro de los ámbitos de decisión de la civilización occidental, dominada por el modelo sociológico anglosajón; modelo que, de partida, denostamos y por tanto desconocemos.
Comprendo que alcanzar el conocimiento del justo valor de las palabras y de los hechos, en el ámbito de la siempre perversa diplomacia mundial, es una tarea que conlleva tiempo, estudio e inteligencia. En nuestro caso, la estrategia en política exterior se ha basado en la frase hueca y en la postura estéril, en definitiva en la fuerza mágica e ilusoria de la palabra como fuerza demagógica y transformadora de la realidad, en este caso acompañada también por la elección desafortunada de los hechos a representar. Esta fórmula tal vez triunfó en él ámbito interno, pero en el exterior es otra historia.

Este carácter de política exterior asamblearia, construida sobre sentadas ante banderas, dejadas en la estacada, y abrazos a personajes cuestionados, ilustra lo mal que casa la ingenuidad con la diplomacia. Sí perseguíamos algún fin, y esta es otra cuestión, el fracaso ha sido estrepitoso. Las conclusiones son desoladoras, no sólo por el hecho derivado de las propias consecuencias, sino por la evidencia de que la falta de talento es tan profunda en los que rigen nuestros destinos, que éstos ni siquiera son conscientes del simple catón que enuncia la imposibilidad de cambiar nada si no se está dentro del sistema que se pretende cambiar.
Algunos políticos anteriores sí tuvieron claro este concepto y actuaron en consecuencia. Sobre el pago que les dimos prefiero ni entrar.

Desafortunadamente para nuestro futuro a corto plazo, los hechos objetivos representados son mucho más importantes, para los que los juzgan desde dentro del sistema, que un millón de discursos bien intencionados.
Mientras no comprendamos que el mundo al final se mueve por hechos y no por palabras y que, por tanto debemos ser extremadamente hábiles en los que nos toque representar, no sabremos encontrar un sitio en él mundo, y desde luego seremos incapaces de cambiar nada, sí es que esta es la intención, que así parece.
Durante una buena temporada seguiremos peleándonos demagógicamente por el valor de las palabras, confiando ingenuamente en que seremos capaces de cambiar las cosas sin siquiera formar parte de ellas, eso sí, suplicaremos hasta el último instante para que una palabra suya baste para sanarnos....

miércoles, 22 de octubre de 2008


Temis la tricéfala

"En tiempos de injusticia es peligroso llevar la razón" - Anónimo

Siempre en vano, tratando de encontrar una nueva respuesta, me topo con la noticia de la protesta de los jueces. Supongo que cada cuál tendrá una opinión creada al respecto, algunos incluso basando sus argumentos en la evidente y dirigida campaña mediática contra ellos, quizás y como siempre, para evitar entrar en el verdadero problema de fondo.
En este caso, a mí me han llamado poderosamente la atención los siguientes datos:

- Los jueces dependen, a todos los efectos, del C.G.P.J.(Gobierno corporativo)
- Los secretarios de juzgado dependen del Ministerio de Justicia (Gob. Central)
- Los funcionarios de justicia dependen de sus respectivas consejerías autonómicas en cada parte de España. (Gob. Autonómicos)

Sí estos datos son veraces, me asaltan las siguientes preguntas:

¿Cómo puede funcionar una misma empresa con tres “amos” diferentes? ¿Es razonable mantener un esquema tan ingobernable en nuestra administración de justicia?

Cuando he señalado que dependen “a todos los efectos”, incluyo los políticos, económicos, administrativos, sancionadores, etc., es decir todos los efectos deseables e indeseables afectos a sus respectivas estructuras jerárquicas; tres perros con diferentes collares según cada coyuntura.
La mayoría de los españoles desconocen este extremo organizativo, completamente demencial, en éste y otros ámbitos de nuestra absurda configuración administrativa.
No soy un experto en la materia, pero si a este cóctel le añadimos nuestras añejas y napoleónicas leyes de enjuiciamiento y normas procesales, las peculiares circunstancias formativas, laborales y sindicales de nuestro país, y una falta de respaldo presupuestario como remate, ¿Quién se puede atrever a siquiera esperar de este engendro una respuesta justa, rápida y eficaz?

Lo lamentable en este asunto, dilatado en el tiempo y sufrido por el probo ciudadano desde el principio de la democracia, es que ninguno de los tres escalones involucrados ha querido entrar nunca en el fondo del problema, denunciando de partida la inviabilidad del sistema tricéfalo que hemos construido, convirtiéndose de facto en cómplices de la situación en la que estamos. Hemos hecho de España un inmenso puzzle administrativo con fuerte dependencia política, y este es sólo un ejemplo más de la falta de sentido común que hemos aplicado en la construcción organizativa de nuestro país, que día a día parece más inviable, hasta para los más voluntaristas.
No me atrevo a adentrarme más en los entresijos concretos de una trama compuesta por personajes que Quevedo ya retrató con profusión e innegable gracia. Lo que a mí me parece, es que sí gobernar la venda sobre los ojos de una sola cabeza es ya de por sí una tarea casi imposible, ¿qué podemos esperar de la intención de conseguirlo sobre tres?

viernes, 17 de octubre de 2008


Baltasar o la España prometéa; crónica de una íntima tragedia

“La fiscalización perpetua y parcial del pasado conduce inevitablemente a la autodestrucción sistemática de cualquier futuro” Aforismo personal

A finales de 1975, mi padre vivió esta curiosa escena; mientras esperaba la salida de un vuelo en el aeropuerto de Barajas, no pudo dejar de escuchar la conversación de dos personajes, que con aspecto inequívoco de militares afectos al régimen, se tranquilizaban mutuamente con esta enigmática frase: “Ahora hay que mantener la calma, todo está atado y bien atado. Con esto cambios conseguiremos que no cambie nada”. En aquellos tiempos de incertidumbre, esta frase inquietó justificadamente los indiscretos sensores auditivos de mi padre.
Una vez transcurridos los años, he llegado a la conclusión de que lo que escuchó mí progenitor no fue otra cosa que el eco rapaz de nuestra historia ancestral, repetida hasta el presente.

Yo soy de los que efectivamente piensa que en el fondo, nada o muy poco ha cambiado. No me estoy refiriendo al ámbito político, en el que probablemente han cambiado incluso irracionalmente demasiadas cosas, sino al ámbito sociológico. Pero esta inmovilidad sociológica, originada probablemente en nuestra eterna condición feudal no es imputable a ninguna época concreta o reciente de nuestra historia, sino a toda ella incluyendo nuestro rabioso presente. Algunos autores patrios, más bien pocos y siempre estigmatizados, también concluyeron lo mismo: Los españoles somos víctimas de nosotros mismos.
Nuestro destino como pueblo invertebrado se asienta sobre tierras conquistadas y reconquistadas, plagadas con restos óseos y charcas de sangre seca de imposible fertilidad. Esto ha conformado una forma de estar en el mundo que fomenta una catarsis permanente equiparable al tesón del arado primitivo ante cada nueva perspectiva de labranza. La catarsis de la catarsis, que acaba irremediablemente convirtiéndose en un reflejo melancólico de la inmovilidad sociológica y cultural, salpicada continuadamente por vientos de revancha.

Cada pueblo, como dice mi admirado Toynbee, está dotado con unas particulares características determinadas por sus circunstancias, y el nuestro mantiene unas cuantas que, entre otras cosas, hacen imposible el desarrollo de una democracia elemental hasta que no se produzca una profunda y quimérica transformación sociocultural, gran fracaso por otra parte de los politicos responsables de nuestro actual sistema. A las pruebas me remito: nuestra incompatibilidad con este modelo de convivencia será consustancial a nosotros mientras nuestro comportamiento sociológico se cierre en banda a la posibilidad de admitir las virtudes positivas de al menos algunos actos de nuestro oponente o antecesor. En nuestra obtusa construcción mental, cualquier suceso anterior siempre ha sido nefasto y siempre encontraremos un iluminado dispuesto a denostarlo. Este es nuestro sino, una política de tierra quemada que se aplica en todos los ámbitos de nuestra sociedad, en el que el “corte” de la historia elegido para reiniciarla responde únicamente a los intereses de una parte, olvidando al resto en el mejor de los supuestos, cuando no condenándolo al fuego eterno. De esta forma las posibilidades de un futuro “constructivista” encaminado a mejorar el porvenir de nuestros descendientes aprendiendo de los hechos positivos siempre será imposible.

Este fenómeno intrínseco a nosotros, y en manos de "los unos o los otros" se ha producido sistemáticamente desde hace siglos y desgraciadamente parece que nos perseguirá hasta el fin de nuestros días como parte de nuestra íntima tragedia.
En nuestro caso, al menos sabemos que nosotros mismos aunque con distintos collares ideológicos en cada momento, somos las águilas que nos devoran las vísceras, siempre incansables al desaliento, y por toda la eternidad.
Yo no tengo ninguna otra opinón más al respecto, salvo la que aquí he expresado.

jueves, 9 de octubre de 2008


LA HYDRA-CRISIS ESPAÑOLA O A RIO REVUELTO...

“Todavía no encontré a nadie que se criticara a sí mismo con el mismo empeño con que critica a otros” J.J. Rousseau

El afán de los políticos por mantener a los ciudadanos en un limbo informativo empleando las manipulación, el sectarismo y la falta de realidad aplicados a las informaciones cotidianas, obtiene sus frutos una vez más en un país tan predispuesto al autoengaño y a la secular costumbre de no asumir responsabilidades como es el nuestro.
Nadie está haciendo un análisis riguroso de la situación y del futuro económico de España.
El actual gobierno, con gran habilidad para sus intereses como siempre, ha conseguido simplificar y embrollar la situación hablando (por fin) de "La crisis" como algo único. Se ha compuesto una melaza en la que todo vale para justificar una situación preocupante que se nos vende diariamente bajo la siguientes premisa: La culpa de la crisis la tiene Wall Street (el perverso imperio otra vez...) y es por tanto algo ajeno, y sobre lo que no tenemos control, ni solución. El argumento, aunque dogmático y sectario, es magnífico para eludir su responsabilidad en la situación real que vivimos. Esta premisa es completamente falsa.
Nosotros no padecemos una crisis, sino dos; una externa que es puramente financiera, y cuya repercusión real en los ciudadanos corrientes debería ser mínima, y otra interna que es la que se ha enmascarado, y nos debería preocupar seriamente. Esta segunda tiene carácter puramente estructural. La crisis financieras se capean con deflaciones mientras las productivas se saldan con procesos inflacionistas. En España estamos padeciendo un brutal encarecimiento de los precios desde hace meses, con difícil solución, y ello a grandes rasgos es achacable a las siguientes circunstancias:

- La pésima política industrial y económica de nuestros políticos.
- La desaparición de los Fondos de cohesión europeos
- Nuestro secular déficit energético
- Nuestra falta de competitividad en el mercado laboral
- El brutal e irracional gasto público

Bajo estas circunstancias se esconden unas totales faltas de capacidad, previsión, sentido común, realismo, y sensatez.
Bien es cierto que el complejo, carísimo, y a veces demencial sistema de administración político-territorial con que nos hemos dotado voluntaria e incomprensiblemente los españoles, dificulta el desarrollo de cualquier iniciativa estructural con carácter nacional.
En España, desde que se instauró la democracia, nunca ha existido un Plan Director en ningún campo. Es también cierto que la irresponsabilidad de los políticos ha impedido siquiera esta posibilidad, ya que para ello hubiese sido necesario entender que el desarrollo de un país es imposible mientras no se practique una política de Estado, consensuada y dilatada en el tiempo. Aquí padecemos en cada legislatura políticas sectarias que impiden la resolución de problemas estructurales (ejemplos bien claros son el desarrollo de infraestructuras hidráulicas o el lamentable sistema educativo del país). Pesa mucho más la ideología que el espíritu del bien común, y es por ello que la solución a nuestra crisis interna es doblemente preocupante. Todo lo demás son cuentos chinos y falsear la realidad. El que piense que cuando se arregle la crisis financiera internacional supondrá el fin de nuestros problemas económicos va listo. Entretanto seguiremos dando por valida la importancia del hecho diferencial que subraya las tremendas diferencias entre butifarras, chorizos y chistorras, hasta que un siglo de estos descubramos que todos son simples embutidos, como nuestros brillantes políticos.

sábado, 4 de octubre de 2008

LA CAIDA DEL IMPERIO Y OTRAS FALACIAS DEL MOMENTO

"Hoy será un día mejor que mañana, pero por si acaso, comienza a estudiar cantonés..."

En los tiempos que vivimos, imbuidos en una globalización informativa siempre superficial, tendenciosa y evanescente, hemos entrado en un ciclo de pesimismo generalizado con respecto al futuro financiero del planeta. En esta situación todas las miradas se han vuelto contra la capital financiera del planeta (New York) que se debate por mantener la entereza ante el aluvión de críticas que su forma de proceder ha generado, en primera instancia en sus propias carnes.
El primer punto significativo en este asunto consiste en que, curiosa y contradictoriamente, las críticas más feroces con respecto al sistema de libre mercado proceden de los que durante años hemos seguido a pies juntillas sus dictámenes, aprovechándonos de sus virtudes en los tiempos de bonanza. Cuando las cosas van razonablemente bien nadie protesta, y sin embargo cuando el viento arrecia y la marejada se recrudece, se produce la consabida reacción siempre furibunda, encaminada a exigir responsabilidades por la actual situación. Esta reacción, que encubre entre otras cosas, la falta de responsabilidad colectiva tan habitual en la condición humana, sería algo parecido a jugar habitualmente en un casino y armar un alboroto cada vez que la suerte nos es adversa, vaticinando además el fracaso del azar como garante de nuestro futuro...
Es en este punto en el que merece la pena hacer una reflexión objetiva frente al regocijo de los que proclaman el fracaso del sistema. Según mi opinión, lo que está sucediendo no sólo no ha sido un fracaso del propio sistema, sino mas bien al contrario, el primer gran éxito de su espíritu.

El sistema liberal-capitalista aboga persé por la democratización del acceso, apertura y expansión del sistema financiero a cualquier individuo, posibilitando con ello la conformación de nuevos mercados. Cualquier otro sistema político-económico que se haya intentado en nuestro planeta hasta ahora, jamás ha considerado esta posibilidad (léase marxismo-fascismo, etc...), basando siempre la redistribución de la riqueza en las restricciones dimanadas del mandato de una oligarquía rectora. Uno de los fines por tanto del sistema capitalista liberal, es constituirse en un proceso abierto y por ende, ampliable hasta su universalización. A lo que realmente estamos asistiendo ahora, no es ni más ni menos que a la primera consolidación tangible de la expansión del sistema.
No hay más que echar un vistazo al auge experimentado por las economías de los llamados “países emergentes”, (sería mejor denominarlos en adelante “países asimilados”). Dicho auge incuestionable ha sido posible gracias a su reconversión al sistema imperial, y nutriéndose además de los recursos, esquemas, y reglas de juego que el imperio ha exportado.
Es también cierto que este movimiento está produciendo, aparentemente, un cambio de eje en el planeta, hecho por otro lado inquietante para los hasta ahora más privilegiados, pero consustancial a la expansión de cualquier sistema económico. Pero que nadie se llame a engaño, gracias a nuestro ahora denostado sistema, estos países “asimilados”, China, Rusia, India, etc... están saliendo de la pobreza secular que han padecido durante siglos bajo la bota de regimenes cerrados que provocaron su anterior estancamiento y miseria colectiva. Alguien podrá argüir también que la distribución interna de estas riquezas no es del todo justa en los mencionados países, pero sí el sistema se mantiene, este punto también se corregirá con el tiempo, obligado por la nueva y futura presión social que hasta hace poco se veía coartada y sin expectativas gracias a la opresión ejercida por sus sistemas de gobierno totalitarios.
El sistema de libre mercado es por tanto tan perfecto en su condición de ente socializador, que es capaz no solo de restablecer una democracia individual en la distribución de la riqueza, sino que todos los que se asimilen a él se beneficiarán de una redistribución global y colectiva, aunque ello paradójicamente incluya transitoriamente la perdida del nivel de riqueza de sus adalides e impulsores originales.

Por lo tanto, como mensaje para los que disfrutan con la idea de una caída del imperio, y de su sistema liberal capitalista: No se engañen, el sistema capitalista no sólo no se encuentra en crisis, sino que con todas sus imperfecciones, se amplía y extiende a otros rincones del globo. En definitiva, la solidaridad se globaliza, aunque a los que más la proclaman sectariamente no les guste padecer el efecto de la expansión de la misma, como casi siempre, en sus propios bolsillos.
La única diferencia, con respecto a la situación anterior es que, por ahora, el dinero lo tienen ellos y no nosotros. Es el precio que debemos pagar por la extensión de la democracia y la libertad.