miércoles, 12 de noviembre de 2008


PRIMER MANIFIESTO RAZONALISTA: El Arte de la Conciencia, una reivindicación de la nausea

“La conciencia sólo puede existir de una manera, y es teniendo conciencia de que existe” –Jean Paul Sartre.

El benéfico laboratorio que patentó el principio activo del hidrocloruro de metaclopramida ha sido, seguramente sin ninguna otra intención más que la hipocrática, el perfeccionador de una ancestral doctrina que se ha intrincado, una vez más, en las neuronas del arte y del pensamiento español. La neutralización de la nausea en la conciencia artística, se ha intentado de forma sistemática desde hace siglos, y aunque más o menos disimuladamente, siempre ha figurado en las corruptas intenciones primordiales del heterogéneo mundo de los que han intentado controlarla, auto justificada en su atribuido papel como infalibles regidores de nuestros destinos.
Estos dos mundos, el de la creación artística, y el de la creación e implantación de principios ideológicos de convivencia, siempre han mantenido una rivalidad basada en una feroz desconfianza mutua. Esta desconfianza ha sido el motor de nuestra evolución cultural desde que aquel hombre vomitó el primer toro en Altamira. La consecuente recriminación, por su incomprensible conducta manchando paredes, provocó una brecha espiritual que conformó la base de su conciencia creativa y se constituyó al mismo tiempo en su intransferible fuerza motora. Todo el que pretenda dedicar su vida a la creación intelectual y se mantenga alejado de esta desconfianza estará necesariamente muerto.
La ecuación de coexistencia entre ambos mundos, el rector y el educativo, probablemente necesaria como concluyó Plutarco en sus pedagógicas “Vidas paralelas”, no implica la homogeneidad ética de sus factores, y por ello tampoco de su comportamiento. Sus fines y sus principios, sin entrar en consideraciones morales, son simplemente diferentes. La mayor diferencia entre ambos se basa precisamente en la característica interpretativa de la conciencia colectiva de sus respectivos universos. El mundo rector la va reinventando en una catarsis permanente y a veces contrapuesta, con el fin de mantener el control, bajo los nuevos dogmas que alimentan las cambiantes circunstancias, mientras el educativo mantiene su esencia transformadora original con diferentes formas expresivas, que condicionadas por la ausencia de cualquier fin legítimo ajeno a la satisfacción personal del creador, representan su única esperanza de supervivencia e independencia. El conjunto de acciones históricas de la primera carece de toda ética en su conjunto, la segunda, ha mantenido su espíritu primigenio a través de los siglos, aún a pesar de la actitud reprochable de algunos de los que han intentado formar parte de ella.

El vómito creativo necesita por tanto de esta completa independencia para mantener su divina condición natural, que sólo el tiempo avala, ajena al control del mundo rector. En España, de una forma sutil a veces, y brutal otras, cada ideología emanada del mundo rector ha intentado conseguir un argumento extra para mantener este control. Unas con ignorancia y desprecio, y otras con fingida comprensión y subvención corrompida. Este pulso continuado en nuestra sociedad ha sufrido diferentes estadíos y, una vez más, en estos tiempos nos están tumbando la mano.
El objetivo siempre intenta ser el mismo, la neutralización de la nausea.
Nuestro panorama actual se presenta desolador: Lo que nos ha quedado son exiliados, cadáveres, o espíritus infectados por la sífilis del pensamiento único y la apropiación de la manifestación de la conciencia, en beneficio de la ideología del ente rector.
Este proceso ha de ser neutralizado de inmediato, existe mucho talento aún por descubrir, y la conciencia del arte debe impedir que privemos a las futuras generaciones de su enseñanza.

Alberguemos por tanto una esperanza. La crisis actual de España será el germen de una nueva raza de artistas que pongan en duda los principios dogmáticos de cualquier ideología creada por el principio rector. Debemos hacer una renuncia expresa a la maléfica subvención, que únicamente corrompe la conciencia atávica, reduciendo su creación a un prosaico vómito ideológico alejado del fin último del arte. Rescatemos la duda como principio creador y mantengamos nuestro nivel de conciencia alejada del sistema rector. Despertemos del letargo. Sus fines son necesariamente opuestos a los nuestros, como poco se lo debemos a la conciencia de todos nuestros maestros en el pasado, el presente, y el futuro.

Aquí, y ahora, un nuevo movimiento de pensamiento universal está naciendo de acuerdo a las nuevas circunstancias de la Humanidad.
Nuestra nueva filosofía se nutre del conocimiento reflexivo y profundo de la evolución histórica de las civilizaciones que conforman la Humanidad, de los nuevos retos filosóficos generados a partir de los últimos avances científicos y de las consecuencias futuras que derivan de su implantación. De una seria y global interpretación de la historia en su contexto, que posibilite la democratización universal del conocimiento que hemos adquirido, y del respeto analítico de todos los acontecimientos que la componen. Abandonemos los viejos dogmas ahora que conocemos sus resultados, la ciencia y la técnica nos han dado una nueva perspectiva de la que debemos aprender para evitar errores futuros. Nuestra conciencia nos obliga.

Así que, en memoria de aquel hombre primitivo, creadores de cualquier ámbito de expresión colectiva de nuestra conciencia individual, incluyendo artistas cupulares y catedralicios que deambuláis por el filo del sable, levantad vuestras armas de creación antes de que sea tarde, y vuestro espíritu arda en la llama eterna del olvido y del desprecio. Alejémonos del intento corruptor de nuestra conciencia sin temor.
Estamos asistiendo en estos albores del siglo XXI al nacimiento de un nuevo sistema de pensamiento: El razonalismo.

Nuestro hombre primitivo nos lo agradecerá, y así rendiremos homenaje perpetuo al espíritu de todos los que antaño nos proporcionaron, a veces pagando el tributo de una penosa existencia, el regalo de una conciencia artística que nos permita continuar vomitando en libertad.
Artistas de España, poetas, pintores, escritores, escultores, músicos, pensadores..., salid de la cueva y contemplad el resplandor del Universo con renovada esperanza.
¡Muerte al Primperán!
¡Viva el Razonalismo!
Seguimiento de la nueva doctrina: http://razonalismo.blogspot.com/

martes, 11 de noviembre de 2008

A estas alturas, son pocos los que pueden tomarse en serio lo de una Unión Europea, más allá del ámbito meramente económico. La prueba más palpable de esta utopía, es la falta de interés de los políticos de turno por haber creado una televisión europea única, que junto con el balompié, constituyen los únicos aglutinadores comunes de nuestras respectivas sociedades climatizadas, de tresillo y mando a distancia.

lunes, 10 de noviembre de 2008


Un cierto futuro: España paraíso fiscal

“No hay viento favorable para el que desconoce su rumbo" - Lucio Anneo Séneca

En el artículo del pasado Octubre, titulado la Hydra-Crísis española, ya expuse a grandes rasgos la realidad de la situación económica, y la ausencia de un Plan Director que imbrique nuestro futuro a partir de esta realidad. Este asunto de primera magnitud, urge un inmediato abordaje ya que, por lo que estámos observando, algunas de las grandes naciones occidentales de la tierra ya están dándo vueltas a las posibles soluciones en sus casos respectivos; debemos comenzar a hacer nuestros deberes cuanto antes. Hoy sin ir más lejos, nuestro Ministro de Economía ha pedido ayuda a la población demandando nuevas ideas.
Desde aquí queremos lanzar nuestra aportación, que esperamos contribuya a ayudar a nuestros ágiles políticos patrios, en la difícil elección de los cientos de ideas que seguro, con su tradicional capacidad de previsión y planificación, ya están barajando en sus mentes.

Haciendo un poco de historia, cualquiera puede observar que el parecido entre la situación de nuestro tejido industrial en los años setenta y la actual, es pura coincidencia. La industria española, en cualquiera de sus sub-sectores, esta prácticamente extinta; industria pesada, minería, textil, etc...
El resto de nuestro sector productivo, ganadería, agricultura, pesca y marina mercante, transporte aéreo, se encuentra en parecida situación, todos ellos quebrados, vendidos o desaparecidos. El último eje, de aquel ya vetusto plan director, incluía también el turismo, condenado a morir desde su inicio, por un diseño digno de una película de don Paco Martínez Soria, gracias a un brillante gestión urbanística y estética mantenida en el tiempo hasta hoy, y avalada por el éxito de nuestra Ley de Costas. Por otra parte, nuestra realidad energética y administrativa nos hace inviable, tan siquiera, tratar de competir con otros países. Con este panorama, y una vez extinguidas las ayudas procedentes de los fondos europeos, y Disney en Paris, la salidas que nos quedan son más o menos escasas. Siendo realistas, es difícil que podamos sobrevivir dignamente con la fabricación de botijos, castañuelas y alpargatas. Definitivamente necesitamos encontrar nuevas alternativas ajenas a los sectores productivos industriales.

No obstante, y tras un profundo análisis, he encontrado unos cuantos puntos positivos que nos permitirán urdir con éxito los mimbres de nuestro nuevo destino.
Como principales puntos de fortaleza para reconvertir nuestro país, contamos con la gastronomía, la fiesta, el sol, la Banca, sin olvidar nuestro Código Penal.
Mi propuesta, consiste en sacar de cada uno de ellos la mejor característica que los defina, en este orden respectivo; imaginación, diversión, solidez, capacidad de secreto y usura, y surrealismo, para ponerlas al servicio de nuestro nuevo plan, transformándonos oficialmente en el mejor paraíso nunca soñado por nosotros: El Paraíso Fiscal del Nuevo Orden Financiero Mundial.
Un sueño posible y que presenta pocos inconvenientes, dada nuestra dilatada experiencia en no hacernos, ni hacer demasiadas preguntas, salvo claro está, que Suiza nos declare la guerra, algo completamente asumible, y con la que podríamos pactar, en lugar de discutir, un nuevo Tratado de Tordesillas: Del Ecuador para arriba para ellos, y del Ecuador para abajo para nosotros. Nuestra secular amistad con los países árabes y con Sur y Centroamérica conforman un nicho de mercado suficiente, sin considerar el propio, para proporcionarnos un buen pasar, y que conllevaría que los suizos se contentasen con su papel restringido al mercado septentrional. Nuestro actual perfil sociológico ya goza de todos los elementos necesarios para conseguir este ambicioso objetivo con facilidad, que como nuevo garante del blanqueo de dinero mundial, nos proporcionaría vivir de las rentas ajenas con gran oficio y dignidad.

¿Puede haber una imagen más rentable para nuestro futuro, que la de un sátrapa cualquiera, disfrutando de un buen espectáculo típico, en una calida noche española, tras una opípara cena de Ferrán Adriá, y sentado junto al notario con el que acaba de finalizar la transacción de sus opacos millones, a la entidad financiera de turno de su nuevo paraíso fiscal? Solamente el ahorro que obtendríamos, legalizando definitivamente el asunto, sería inmenso.

Nuestros nuevos clientes nunca habrían soñado un marco mejor para un apreski tan exótico y comprensivo. Y nosotros por fin podríamos comenzar a soñar con una existencia, de bote de lotería constante, dorada, tranquila y apacible, plagada de inmensas estructuras administrativas regionales colmatadas de funcionarios, y surcada por caudalosos ríos de dinero negro, que avergonzarían a los actuales hasta convertirlos en simples arroyos.

Señor Ministro, manos a la obra antes de que se le ocurra la idea a alguno de nuestros vecinos.
Suiza está acabada.

viernes, 7 de noviembre de 2008

En una imposible refundación formativa de nuestro país, se deberían eliminar todos los dogmas clásicos, para comenzar su reformulación a partir de un catecismo pedagógico basado en las tres leyes básicas de la mecánica, completamente desconocidas por nuestra conciencia colectiva: “El principio de Inercia”, “La unión hace la fuerza”, y la “Ley de acción y reacción.”
Montesquieu murió, a Newton lo hemos asesinado.

miércoles, 5 de noviembre de 2008


Crónica del antiespañolismo norteamericano: Fe contra Razón

"Los dogmas del quieto pasado no concuerdan con el tumultuoso presente" - Abraham Lincoln

Ayer vivimos una circunstancia histórica sin precedentes: El triunfo de un mulato en la carrera por la Presidencia de la primera potencia mundial. Esto, que se materializará en la toma de posesión del cargo el próximo enero, sí una bala perdida no se cruza antes en su camino, es en sí mismo un acontecimiento asombroso, teniendo en cuenta la evolución social de un país, en el que éste sector de su población sufrió el recorte de parte de sus derechos civiles hasta hace pocas décadas. El hecho, por mucho que nos conmueva este edificante ejemplo democrático y sociológico, no tendrá mayores consecuencias positivas para nosotros. Esto lo digo para prevenir la frustración que, una vez más, se producirá en nuestro país con el transcurso de los acontecimientos, y por tanto para intentar evitar su influencia futura que irremediablemente, continuará alimentando de manera torpe nuestras maltrechas relaciones, y nuestro secular antiamericanismo. Aquí no acabamos de entender que a lo que hemos asistido, como cada cuatro años, es a la reelección del Jefe del Estado y no de un Jefe de Gobierno. Este matiz es fundamental para comprender el panorama, muy semejante al de tan solo hace unos cuantos siglos, ya que el juramento de su cargo no implica la defensa de otra ideología, mas que la que emana de su personal noción colectiva, de la libertad del individuo.

El enfrentamiento entre nuestras dos potencias viene de lejos. Concretamente de tiempos en los que la jefatura de nuestro estado se encarnaba en la figura de un Rey plenipotenciario y adalid de la Fe, elegido por Dios y por la sangre, para regir los destinos del mayor imperio que existió en el mundo moderno. Muchos de los quebraderos de cabeza durante el reinado de Carlos III provienen de aquella época, en la que los Británicos soñaban con deshacer nuestra hegemonía a cualquier precio. Ya en aquellos tiempos se vieron con inquietud, recelo, y afanes conspirativos, los denuedos de aquel grupo de individuos desclasados que huyeron de su insoportable existencia en los encastados países europeos de la época, en los que a modo de ejemplo, aún se consentía el derecho de pernada. Para colmo de nuestros males, la elección de su líder a través del sufragio de sus súbditos, suponía un agravio intolerable para las monarquías reinantes en la vieja Europa. A partir de este punto de la Historia, comenzaron una serie de ofensas consecutivas para nuestros intereses. Hasta pocos años antes, la influencia de la Corona de España en el mundo no había tenido parangón, y nuestra monarquía se erigía como encarnación del derecho divino de intervención exterior en nombre de la Fe.
No es por tanto extraño, que unos tipos sin pasado, con gran hambre de futuro, y aprovechando parte del pensamiento de Montesquieu y por ende del espíritu de la Revolución francesa, construyeran una constitución en 1787 que atentaba directamente contra nuestra integridad ideológica y cultural. Años más tarde, la denominada Doctrina Monroe, sintetizada en la frase “América para los americanos”, que fue elaborada por el sexto presidente americano John Quincey Adams en 1823, a partir del famoso discurso de su predecesor James Monroe, y extrapolada posteriormente a todos los ámbitos gracias a la mejora de su potencial bélico, personifica perfectamente la usurpación de facto de nuestros derechos imperiales. Es importante recordar, por poco difundido actualmente, que bajo nuestro Reino, y concretamente en las provincias de Ultramar, la esclavitud no se abolió definitivamente hasta 1873; ocho largos años más tarde que nuestros odiados ofensores, que la formalizaron en 1865 con la victoria de Abraham Lincoln sobre los estados rebeldes del Sur.
Nosotros en aquella época, ya heridos de muerte hacia sesenta años por las astillas gangrenadas de Trafalgar, continuamos recibiendo afrentas que acabaron culminando en la perdida de nuestras últimas colonias. El descabello, como bien es sabido, llegó en 1898 con Cuba y Filipinas como colofón póstumo a otro largo ciclo de la Historia moderna.
Todos estos hechos históricos, hoy relegados al olvido en el imprinting colectivo norteamericano, han sido, sin embargo, inexplicablemente somatizados por los líderes más progresistas de nuestro país en forma de afrenta constante y nunca restañada. Un misterio indescifrable para cualquier politólogo reputado, considerando los antecedentes históricos en los que bebe su modelo ideológico.
La triste realidad se resume así; desde que perdimos nuestra hegemonía, hemos basado siempre nuestra política exterior en la acción de gobierno, en lugar de hacerlo en la razón de Estado. Esta última se caracteriza porque tiene muchos fines y poca ideología, nosotros tenemos mucha ideología y ningún fin claro. Esta dogmática confusión, generada a partir de la proyección de nuestra política interior a la del exterior, continúa a través de los siglos pasándonos facturas indeseables, y parece que aún no hemos aprendido la lección. Nuestras toleradas representaciones diplomáticas autonómicas, salpicadas por el mundo, son una magnífica prueba de ello.

Con todas estas urdimbres, malinterpretadas adecuadamente desde el ámbito de lo políticamente correcto, es comprensible entender que el vestigio de la afrenta, ejercida por aquellos visionarios que escapando del "beatífico" absolutismo llevan siglos pretendiendo el progreso y la libertad, se haya apoderado del pensamiento colectivo en nuestro reaccionario país. En un momento de la Historia, unos cuantos salvajes desaprensivos nos arrebataron el monopolio del Imperio de la universalización de la Fe para sustituirlo por los "absurdos" conceptos de universalización de la Razón y de la libertad individual. Pero como digo, lo paradójico y contradictorio, es que ésta bandera se haya convertido en estandarte de la mas rancia progresía.
Pero no desesperemos, nuestros líderes actuales han tomado cartas en el asunto, y bajo una nueva estrategia, hoy progresista, de implantación laica de su renovada Fe, se afanarán por convencer, quizás en una talantosa charla de Imperio a Imperio, a nuestros endemoniados contrincantes, sobre las ventajas del Pensamiento Unico frente a la Razón, para un futuro mejor de la Humanidad.
Visto lo visto, no me atrevo a augurarles un gran éxito, ni a los unos, ni a los otros.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Cuando escucho a los políticos que se postulan como la solución a la pobreza en el mundo me echo a temblar. Son de la clase de los que no se pueden permitir la erradicación de su propio nicho de mercado, ya que esto implicaría su suicidio electoral. Un sacrificio potencialmente imposible, salvo que tengan otras intenciones más aviesas, alejadas del plebiscito popular.
Son las contradicciones de las demagógicas ideologías retroalimentadas.

Por la Ciencia y la Gloria Nacional...

“El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en conservar aquella esencia del ayer, que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor” - José Ortega y Gasset

Con esta frase, hoy seguro que políticamente incorrecta, el profesor Robert Ryal Miller comenzaba el título de su magnífico libro sobre la denominada Expedición Científica del Pacífico (1862-1866), editado en 1983 por Serbal, en el que se narra e ilustra la, desconocida por el gran público, epopeya protagonizada por un reducido grupo de científicos españoles de la época, entre los que destacó Marcos Jiménez de la Espada. El libro relata con bastante minuciosidad las circunstancias que rodearon la expedición, sus descubrimientos y aportaciones al conocimiento, y sobre todo, los penosos avatares en los que transcurrió la nunca debidamente recompensada gesta.
Este eminente naturalista, geógrafo e historiador, tuvo un papel preeminente en la misma, y su incansable naturaleza contraria al desaliento le condujo incluso a atravesar a pié, en solitario, y sin apenas medios, el continente americano de oeste a este, concretamente desde el Pacífico hasta el Atlántico por los más intricados recovecos de los ríos Amazonas, Orinoco, y parte de sus afluentes.
Todavía recuerdo la anécdota, que contaba divertidamente mi abuela Ana, al respecto del encuentro casual de don Marcos con una expedición británica de salacof y camisa almidonada en un recóndito afluente del Amazonas, en una escena digna de la “Reina de Africa”. Los expedicionarios ingleses instalados en una confortable nave fluvial forrada de mosquiteras, contaban con guías locales, y hasta con servicio contratado para atender sus necesidades básicas, y no dieron crédito a sus ojos cuando, mientras disfrutaban de una reconfortante taza de té, vieron surgir de entre la espesura de la selva, a un hombre blanco y de larga barba, que descalzo, con un morral al hombro y unos cuadernos de apuntes como únicas armas, les informó de las circunstancias y objetivos de su increíble periplo científico representando a España.

Es bastante obvio que en España, y por múltiples causas, nunca se ha prestado la debida atención, por no decir otra cosa, a los que han perseguido el avance del conocimiento. Los mecanismos transformadores de la civilización en su imparable y constante evolución son bastante simples, y las oportunidades para cualquier nueva aportación se producen sistemáticamente como resultado y consecuencia lógica del desfase entre el conocimiento y su aplicación práctica. En el caso concreto de la técnica, el asunto se aprecia más claramente, y todos los inventos modernos se sustentan en este mecanismo. La revolución tecnológica que vivimos es una fuente inagotable, para un observador agudo, de este tipo de disfunciones entre el Estado de la Técnica y las nuevas necesidades creadas a partir de su evolución. Diferentes ámbitos tan dispares como la medicina , la robótica, o el transporte son buena prueba de ello.
El transporte aéreo, en concreto, es un buen ejemplo para comprender el argumento: Hoy en día una carta tarda siete horas desde Nueva York hasta Madrid en una aeronave de última generación. Esto, que gracias a los aviones a reacción hubiese sido impensable hace tan solo unas décadas, es sin embargo hoy algo poco sorprendente (y por tanto mejorable) teniendo en cuenta que la misma carta, en contenido y apariencia, tarda escasas décimas de segundo en hacer idéntico recorrido a través del Correo Electrónico. La rendija entre esta realidad y el estado de la técnica obligarán a corregir este “desacompasamiento” en algún momento. Para todo ello, por supuesto, es necesaria la intervención de algún espíritu inquieto que por una u otra razón advierta la grieta y trabaje en su taponamiento, en aras del progreso colectivo.
A mí, el tema siempre me ha apasionado, probablemente por un componente genético familiar relacionado con la curiosidad, y tal vez también por haber pasado parte de mi infancia entre ejemplares, de mitad del siglo pasado, del Popular Mechanics con los que mi imaginación juvenil se desbordaba ante el festival de ingenio que mostraba, en toda su plenitud, el poder de la imaginación creadora del hombre.
Dentro de mis limitaciones, continúo manteniendo este espíritu que espero nunca me abandone.

Hace unos cuantos años, cansado de comprobar que la información sobre el estado del tráfico rodado en Madrid, y en la mayoría de las grandes urbes del planeta, era un clon diario de sí misma, un joven amigo mío se conjuró a buscar potenciales soluciones al problema de la logística urbana.
El resultado, tras mucho tiempo y dinero personal invertido, fue el desarrollo de lo que técnicamente se denomina como un “Modelo de utilidad” que incluso mi amigo llegó a patentar. El modelo, bautizado comercialmente como “Metrologist” consistía en el desarrollo de un sistema de transporte combinado de mercancías a través de la red del metro, que se completaba con un parque de furgonetas eléctricas con base en cada estación subterránea, destinadas a la distribución capilar de productos perecederos y de consumo. La congestión del tráfico urbano en horas punta, la necesidad por rentabilizar la inversión que acarrea un suburbano, con el lujo que supone no tenerlo en funcionamiento permanente las 24 horas al día, sumados al ahorro energético y a la reducción de emisión de gases son, entre otros, argumentos sólidos para prever su implantación y desarrollo en un futuro cercano. El estado actual de la técnica permite además su implantación tanto en instalaciones existentes, con su pertinente adaptación, como en las de nueva creación, sin mayores complicaciones. Tras la expectación creada con la publicación del invento, comenzó la consecuente carrera para su difusión y desarrollo. El resultado, tras recorrer muchos pasillos administrativos fue desolador. De entre todos los portazos recibidos, me quedo con un ejemplo lo suficientemente ilustrativo como para no seguir el desesperanzador relato: Una autoridad local responsable del negociado en cuestión le dijo:
-Es lo más sorprendente que he visto en toda mi carrera, no obstante es completamente inviable por una poderosa razón; los sindicatos del ramo jamás permitirán que los conductores de metro trabajen por la noche...-
Muchos comprenderán que mi amigo esboce una sonrisa cuando escucha, en nuestro país, hablar de I+D. No lo puede evitar.

Valgan al menos estas líneas para homenajear a todos los hombres, que como Marcos, continúan su destino solitario con el afán y el tesón de los que pensaron que el avance del conocimiento y su difusión son la única esperanza para un futuro armónico de nuestro planeta.

Mi tatarabuelo recibió muchas distinciones, la mayoría de instituciones extranjeras de gran prestigio. Cuando, al final de sus días, la Academia Española de la Historia por fin reconoció el valor de aquel hombre de acción, que entre otras cosas delimitó las actuales fronteras entre Colombia, Perú y Ecuador, mediante la concesión de una medalla de oro como distinción a su brillante trayectoria, éste tuvo que disculpar su asistencia al acto de entrega de la misma.
Don Marcos no disponía del dinero necesario para pagar el prescriptivo traje de frac, impuesto por la etiqueta académica, y establecido para aquella magna ceremonia.
Yo, un poco menos joven, aún mantengo la patente en el cajón de mi escritorio.
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Más información sobre Marcos Jiménez de la Espada:
http://es.wikipedia.org/wiki/Marcos_Jim%C3%A9nez_de_la_Espada